lunes, diciembre 26, 2005

Belén Reyes:

...

ME INTERESA SABER

QUÉ HACE UNA MUJER

CUANDO SE AGOTA.


(desde aquí, para los ratos azules y los cuartos sin humos, recomiendo sus versos, sus puntos y sus bestias)

martes, diciembre 06, 2005

cualquiera de nosotros.




Siempre soñó ser bailarina como las preciosas chicas de los carteles. Pero es lo que pasa en este país. Que los sueños no se cumplen. Y algún día, alguien se encarga de despertarte. Además, siempre han existido tipos con suerte que consiguen dormir hasta pasada la hora del almuerzo. Luego estamos todos los demás.
Me gustaría saber cuanto tiempo es capaz de estar bailando sin parar. Algo así como un record del libro Guiness, pero éste no sería absurdo. Yo preferiría que siguiese siempre así. Moviendo sus pies, porque cuando unos pies dejan de moverse algo malo pasa siempre. Y es cuando las historias dejan de ser bonitas.

Recuerdo cuando tenía menos años y jugaba a caminar sobre una línea, el equilibrio me jugaba malas pasadas. Ahora, estoy preocupado. No quiero que ella caiga. Pero de todos modos, no quiero estar aquí cuando eso ocurra.
Las personas caen y se levantan una y otra vez, y a veces parece que no se van a levantar, pero el final de todo final llega siempre. O bueno, eso dice una chica que conocí anoche.
A lo mejor sólo necesita que alguien se acerque y le diga algo. Todos tenemos días de esos. Debería existir una palabra, o un botón como en aquel anuncio de electrodomésticos, o cualquier cosa, lo importante es que funcione. y que ella sonría.

miércoles, noviembre 23, 2005

Polaroid

El otoño se había colado en su buhardilla. Esperó media horas por si el teléfono sonaba y después empezó a llorar bolas de mercurio. Eva se tiró sobre la moqueta de la habitación, aún caliente y húmeda, y empezó a contar cocodrilos. Un cocodrilo, dos cocodrilos, tres cocodrilos... Al mismo tiempo, iba pasando las hojas color chocolate de un álbum a 30 grados del corazón.

Dicen que cuando vas a morir, ves pasar tú vida como si de una película se tratase. Ella no sabía cuando ocurriría aquello, así que como una costumbre más, adquirió el hábito de comprar palomitas en el supermecado cada semana. Y el puto dependiente siempre le decía: espero que te guste la película.

cuatro cocodrilos, cinco cocodrilos

Aún siguen entrando rayos de sol por la ventana. En la puerta, aparece ahora un vigilante que impedirá a los minutos avanzar (seis cocodrilos, seis cocodrilos, seis cocodrilos), mientras ella, en cuclillas, descalza, con sus medias de colores y sus coletas pelirrojas, recorta los frutos secos, porque nunca le gustaron, pega gominolas allí donde puede, colorea las paredes que de pequeña le estaban vetadas y coloca pegatinas sobre los días gato. Horas después, sus párpados colocan el cartel de cerrado por reforma. Disculpen las molestias.
diez cocodrilos ... veinte cocodrilos

Eva sabe que en los sueños también puedes ver tu vida. Pero no es una película con créditos al final y banda sonora de acompañamiento.
Sus pequeños pies comienzan a caminar por una línea amarilla, junto a ella, millones de polaroids en fila se van sucediendo. cincuenta y dos cocodrilos, cincuenta y tres cocodrilos. Cuando nadie la ve, mete en su bolso rojo las imagines en rebajas y comienza a correr.
cien, ciento uno, ciento dos, ciento tres ...

Hay momentos en los que los cocodrilos son lo menos importante.