miércoles, mayo 17, 2006

EL EMBARAZO DE LLUVIA.

Todo comenzó pasados 4 meses, 15 días y 69 minutos. Y en el mismo segundo en el que la luna se ponía sus mejores galas y estrenaba unas zapatillas de ballet, ella no dejó de sonreír.

Desde aquel momento, su cuerpo empezó a cambiar. Los ojos crecieron hasta poder el fondo del mar. El pelo rojizo empezó a ser fuente de un nuevo mundo en espiral. En el cuerpo aparecieron estratégicos lunares, usurpando lugares de besos prohibidos. Y la punta del dedo gordo del pie, se volvió azul, y allí se ocultaron las hormigas de su habitación.

Sin embargo, el sol llegó con su mal humor y un cigarrillo. Ocupó toda la habitación. Inundó la cama. Y Lluvia pudo ver como su ombligo permanecía en una imperturbable serenidad. Ningún sonido grave parecía poder hipnotizarlo, los disparos no pudieron sonar demasiado bien a tanta distancia.

Ella pensaba repartir lapiceros de colores en la cuenta atrás. Pero se marchitaron cuando la luna ensució sus zapatillas.
Y mientras los segundos siguen pasando, las pestañas no dejan de crecer, las historias se enredan entre los dedos de músicos suicidas y bailarinas principiantes.

Y la luna, solo quiere dormir una noche con el sol.

sábado, abril 08, 2006

horas de autobus:

Sonrío muy deprisa. Me reinvento en un 95%. Mis deseos tienen un 30% de deseo. Les falta algodón, algunos ingredientes y un podo de realidad. Un 5% lo reservo para los días semi-tristes con tendencia al vacío. Ese 5% se llama Yo. Cuando despierte me compraré un billete. Los deseos no son caros. La vida sí vale dinero. Aunque podría ser más barata. Pero los deseos son preciosos y la vida también.